Hoy es 1 de agosto, y eso me ha permitido darme cuenta de que llevo más de una semana aquí. Como pasa el tiempo.
Un día más de rutina, seminario de higiene por la mañana, apoyo escolar por la tarde a Bolivia e Italia, y Alemania por la noche. Así que aprovecho el diario de hoy para lanzar pequeños pensamientos que me vienen a la cabeza, imágenes vistas, y momentos vividos que no tienen porque ser de hoy.
Lo más impactante que he podido ver hoy ha sido dos mocos que no me pasan de la cintura, de cinco años, subidos a un banco y lavando sus calcetines en el lavabo del baño, frotando duramente. Además que la suciedad de los calcetines cuesta sacarla harto. No se, no es habitual, y eso que estoy acostumbrado en campamentos a que los chicos laven, pero creo que nunca he visto a nadie menor de 10 años haciendo algo así. Y toda su ropa la tienen que lavar ellos, a lo largo de las semanas, de los meses, de los años. A estos dos peques (Yessit y Emmanuel) les quedan por lo menos 13 años más en la Ciudad del Niño Jesús, y son 13 años de duro lavar a mano. Un ejercicio para los lectores: imaginaos haber pasado toda vuestra infancia, preadolescencia y adolescencia lavando a mano. ¿Duro? Uno puede pensar que no es para tanto, pero… buff. Y que orgullosos estaban de dejar su ropa ¡bien limpiiiita!, ¿no ve?, cuando terminaron me arrastraron hasta allí de nuevo y me fueron enseñado calcetín a calcetín para que comprobara la perfecta limpieza. Luego para completar, les tocaba también hacer los lavabos, así que dura fue la faena de la tarde.

Ayer por la noche sufrí mi primer traspié, donde uno de los chicos me saco sin pretenderlo los colores. No lo conté en el diario, por no alargarlo, pero ayer poco antes de la reunión de voluntarios, sonaron dos fuertes explosiones y acto seguido se fue la luz en toda la Ciudad del Niño. Uno de los cables de tensión y la cosa redonda a la que se sujeta (no soy electricista, disculpen) habían volado literalmente por los aires. ¡Bum, bum! Agarre la linterna y salí, para ir a ver que tal la cosa y echar una mano, sobre todo en los pabellones donde los chicos podrían estar intranquilos. Para nada, acostumbrados los pobres, llevaban ya tres semanas de apagones por culpa de ese cable, que ya había ardido un par de veces. Me desvió. El quid de la cuestión estaba en la linterna. Fui al alemán, y allí estaban los muchachos a punto de provocar un incendio con las velas y las mantas. Tras ayudar al educador a poner un poco de orden, algunos se fijaron en mi linterna. Y es que ee, mi linterna mola. Es de esas con dinamo, que no necesita pilas, y que dándole a la palanquita funciona sola. Flipaban. Me preguntaron por el precio de tal maravilla, a lo que sin pensarlo conteste la verdad, 15 euros. Cuando acto seguido me preguntaron el precio en bolivianos se me cayó el alma a los pies: la rápida cuenta daba 150 pesos, lo cuál es una vergüenza de gasto por una linterna. Balbucee una rápida mentira de 50 pesos, pero aún así sigue siendo un montón, y las caras de asombro lo demostraron. Esa fue mi lección del día, y me permitió preguntarme si el gasto en esa linterna había sido realmente necesario. Supongo que a la larga compensa el ahorro en pilas, pero vaya, no deja de ser una pijada, y en fin, uno no puede evitar sentirse mal.

El otro día que estaba poco hablador os comente la vena artística de los chicos. Lo limite a la pintura, pero hoy expando a la música y las manualidades. Les encanta tocar, y les encantan por eso los desfiles. Todos tocan algún instrumento con más o menos bastante habilidad, y las melodías que sacan son preciosas. No paran de ensayar todo lo que pueden. Y lo mismo con las manualidades, lo gozan cuando en la escuela les mandan algo así de tarea, e incluso muchos hacen sus cosas sin que nadie se lo diga. En el alemán tienen guardado parte del Belén que fabricaron las Navidades pasadas, y las casas de paja que tienen hechas son impresionantes.

La pena es que no dedican el mismo esfuerzo en clase, pues como ya dije el otro día, si lo hicieran no les iría nada mal. La inmensa mayoría es repetidora de muchos (realmente muchos) cursos, y pocos alumnos están en el curso que les correspondería. Y los que lo están, están fuera de lugar, pues comparten aula con gente mayor que ellos. Desde las familias no se apoya a los hijos para el estudio, no se les exige nada, y es normal cuando muchos de ellos tienen que complementar el sueldo familiar con pequeños trabajos. Hay un pequeño chico externo del colegio que siempre que ve a Vicente le pregunta si hay sitio para él en la Ciudad del Niño. Cuando Vicente le respondió que el tenía padre y madre y no le hacía falta, el pequeño le replicó que eran 12 en casa y no cabían. Villa Salome y Pampahasi son barrios pobres, y se nota.
Había empezado el diario de hoy diciendo “¡Estáis de suerte! Hoy escribiré poco, blablabla”, porque se me ha hecho bastante tarde, pero en fin, ya noto que me alargo de nuevo. Esto me recuerda a los comentarios, que de nuevo agradezco muchísimo. Los que me habláis del Camino de Santiago me habéis puesto los dientes muy largos. ¿Por qué el mejor? ¡No, que yo no estaba! Me acuerdo mucho de vosotros, y me alegro de verdad que lo hayáis disfrutado.
Tengo más cosas rondándome por la cabeza, pero habrá más días. Mañana creo que tendré bastante tiempo para colgar las fotos, así que haber si hay suerte.
¡Abrazos para todos!
PD: Hoy no hay PDs.
PDD: Si que hay, incluyo una foto de los niños de Kinder (parbulitos) de la Escuela. Me encanta esa imagen, tiene algo mágico.
1 comentario:
buenas!! k no me pude despedir sorry
k acabo de llegar de vacaciones y ma llegao un correo kn lo del blog y e dixo pues voy a leerelo a ver k tal le va a David ....y weno weno mas impresionado...veo k te va mejor de lo k yo pensaba y espero k siga asi vale??bueno k se te exa de menos ya por aki..
cuidate 1 abrazo
tu keridisimo...
Chuky
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