viernes, 8 de agosto de 2008
Desembarco en la Isla del Sol
Ayer no escribí porque llegamos reventados de Copacabana. Son casi cuatro horas de ida, y otras tantas de vuelta, y a mi los viajes largos en autobús me machacan. Y una vez allí, era todo corriendo de un lado para otro, fugaces vistazos de lo que sin duda requiere más días para disfrutarlos plenamente. Estrés, mucho estrés. Tanto que nos íbamos casi descontentos, pero esta mañana viendo las fotos, nos parece más que ha merecido la pena.
Madrugón, 6 AM en pie. Bajamos al centro a coger el autobús que nos llevara hasta allí. Casi la parte más aventurera del día es este viaje, pues para llegar a Copacabana por el camino más recto hay que atravesar el estrecho de Titima, del lago Titicaca, a orillas del cual esta nuestro destino. Este lago es el navegable que esta a mayor altitud del mundo (3900 msnm), y comparte orilla con dos países, Perú y Bolivia. Cruzar el estrecho es una aventura, sobre todo para los guiris que no se enteran de nada y ven que de repente les obligan a bajarse en medio de un pueblo pequeñazo que, a todas luces, no es Copacabana. Y es que para cruzar montan a los autobuses en pateras, y a los pasajeros en motoras. La experiencia a la ida fue interesante, y más aún a la vuelta, cuando al principio el motor no arrancaba, luego parecía que nos íbamos a quedar en mitad del lago, y finalmente que nos íbamos a estrellar por falta de luz. Esto último esta algo dramatizado, pero así el diario queda más chulo y emocionante. Mañana os hablare de los tres tristes tigres del trigal con los que luche a brazo partido.
Una vez allí, lo dicho, a toda velocidad. Visitar el santuario de la Virgen de Copacabana, patrona de Bolivia, que la verdad, aunque es sencillo, sobrecoge, sobre todo el impresionante retablo que tiene, como pocos he visto. Comida rápida, plato típico la trucha, cocinada de mil maneras, aunque yo me decanto por un delicioso lomo a la pimienta. Y finalmente montar en barco de nuevo, para un viaje de una hora hasta la Isla del Sol, donde Manco Copac y Mama Ochllo desembarcaron y fundaron la civilización inca. Cerca están la Isla de la Luna y la Isla de las Estrellas, que no visitaremos.
En esta isla podemos disfrutar del placer inigualable e irrepetible de subir la Escalera del Inca, que aparte de destrozarnos los pulmones nos permite alcanzar el tope de 4074 msnm (¡JA! Curial), sentarnos en los tronos de Manco Copac y Mama Ochllo, mandar decapitar a nuestros enemigos desde allí, y ver un viejo caserío pre-incaico. Rápido y decepcionante. Me entiendan, las vistas eran maravillosas, la sensación de antiguo también, pero tener que verlo a toda leche en 50 minutos le quita parte de la gracia. Esto es para pasar una noche en la Isla del Sol, donde hay hosterías, y disfrutar con calma de todo. Porque además nos dejamos de ver el pueblo principal en sí, que merece mucho la pena, y la parte norte de la isla, donde están los altares de sacrificios y demás. A día de hoy habitan en esta isla unos 3000 aymaras, dedicados al cultivo y la estafa del turista. También cultivan papas, coca, y otras cosas que no recuerdo. Gente muy maja y agradable, nos cuentan que a día de hoy continúan con los sacrificios rituales para que las cosechas sean buenas. Afortunadamente solo lo hacen con llamas u otros camélidos, con lo cual bien.
Para volver, otra hora de barco. Este tiene parte de abajo, cubierta, y parte de arriba, descubierta. A la ida muchos compartimos el placer de sentir el aire en la parte superior, pero de los que volvieron, todos decidieron evitar el frió y resguardarse debajo, con lo que me quede solo con mis pensamientos. ¡Muchos y muy fructíferos! Uno de los momentos de mayor paz que he tenido en lo que llevo de aventura, ojala hubiera más como estos. A pesar del ruido constante de la motora, la sensación es de un silencio intenso, y el espectacular paisaje ayuda mucho a evadirse. Finalmente llegamos a puerto al atardecer, donde tomo una de las fotografías que más me gustan y me dicen hasta el momento. Un bello atardecer. Y apropiada es, porque hoy me entero por mis compañeras que llevamos casi 20 días aquí en Bolivia; como pasa el tiempo.
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