
Lo dicho, todo el día de reuniones. Por la mañana hemos estado el equipo preparando cosas, propuestas, proyectos, concretando esas lluvias de ideas que nos empaparon ayer (Ja! Soy todo un literato), y saltando emocionados ante cada idea que nos ilusionaba. Hemos visto un poco de que queremos hablar con los chicos en los seminarios (higiene, drogas, alcoholismo, sexualidad, puntualidad, “flojera”…), mini campamentos y juegos, y sobre todo hemos planificado todo el asunto del refuerzo escolar, que va a ser la bandera de nuestra presencia aquí.
Por la tarde hemos tenido una larga reunión con los responsables del centro, unas tres horitas, y en ella hemos concretado todo. Han visto con muy buenos ojos nuestro plan para el apoyo y refuerzo escolar, aunque Valentín (misionero y sacerdote) tenía ciertas dudas sobre como los chicos nos acogerían, pero al final le hemos convencido entre todos. ¡Nos vamos a comer el mundo! Y más concretamente, la Ciudad del Niño Jesús.
También hemos tratado asuntos como las Jornadas de Pedagogía, que se están complicando por la disponibilidad de los profesores (casi todos complementan su trabajo en el colegio con otros, de prácticamente cualquier cosa, con lo que su tiempo libre es casi inexistente), y también el Parlamento Universal de la Juventud, actividad dirigida a jóvenes universitarios, en la que se tratan temas importantes y se llegan a conclusiones. Esto se hace de manera local (La Paz, Santa Cruz…), no solo en Bolivia, si no en muchas partes del mundo, y tras pasar por Parlamentos nacionales, se pretende realizar una convocatoria masiva en Roma para 2009, de donde se sacaran las conclusiones definitivas y se mandara una delegación de representantes a hablar en las Naciones Unidas, en Nueva York. ¡¡¡Yo quierooooooooooooooooo iiiiiiiiiiiiiiiiiir!!! El tema en este Parlamento es “Fundamentos de una carta de valores para una nueva Constitución Universal”, trabajándolo desde la actual Declaración de los Derechos Humanos. Agarrense los machos.
Una de las cosas que más nos ha impactado en esta reunión con los responsables ha sido el choque con la realidad boliviana. Lo más destacable ha sido que teníamos pensadas varias ideas para seminarios de higiene, pero todas se han venido abajo por no ser realistas: los chicos del centro viven muy bien, todos tienen duchas y baños en sus pabellones, pero los que vienen de fuera al colegio (externos) no tienen en su mayoría esa facilidad. Muy pocas casas disponen de estos medios, así que tienen que recurrir a baños públicos, al precio de 3 pesos la ducha (la costumbre, ducharse los domingos). Poco importa hablarles en un seminario sobre la importancia para la salud de una buena higiene, cuando realmente no pueden disponer de ella. Tenemos que pensar alternativas, y trabajar duro en ello. Preparar este seminario va a requerir tiempo.
Muy básicamente esto ha sido el trabajo del día, donde de nuevo casi no hemos tenido contacto con los niños. Pero si empiezan a llegarme sensaciones, en concreto tres.

Por la mañana hemos madrugado para acudir a “mundo”, que equivale a la izada de bandera típica en muchos campamentos, llamado así por realizarse en una pequeña plaza donde hay una gran bola del mundo. En ella Vicente da a los chicos los posibles avisos que haya, en concreto hoy presentarnos a nosotros, y echarles una pequeña bronca por cosas internas. Finalmente se reza un padrenuestro y se va a desayunar. Todo ha sido un poco extraño, porque los chicos nos miraban a la expectativa, igual que ellos a nosotros, sobre todo con los mayores. Pero ha sido increíble, pues en cuanto se ha roto el círculo, tres mocos de no más de seis años se han tirado a por mí, a cogerme de la mano y llevarme a desayunar. Manuel, Adrián y Gerardo (que tiene un remolino en el pelo mil veces peor que el mío, lo cual ya es difícil). Y durante todo el camino al comedor no paraban de hablar, de las cosas que hacían y que íbamos a hacer, del fútbol, de los deberes, de… Han sido una alegría, breve por la jornada de trabajo, pero espero que se vea ampliada.
Por otro lado, esta mañana hemos salido del complejo a eso de las 12, después de haber acabado la reunión de equipo, para que tuviéramos la posibilidad de hablar con España y conectarnos a Internet. Yo iba con la intención de colgar en el blog la primera entrada, y de avisaros que solo podré conectarme por norma una vez a la semana (ya quedáis avisados, ale, jejeje), pero maldigo mi suerte, pues no recordaba la contraseña del blog. Me tire los 15 minutos de acceso que tuve (precio: medio peso) intentando reestablecerla, pero imposible. Ya he escrito a mi hermana, que me la mande, así que la próxima vez me leeréis. Y aquí he recibido una de las sensaciones que más me han impactado: estaba escribiendo un correo cuando de repente oigo detrás de mí un sonido familiar, me giro y… ¡un chaval jugando a World of Warcraft! Muchos sabréis a que viene mi sorpresa, otros quizás no, así que me explico. Este juego es un MMORPG, juego online donde personas de todo el mundo se conectan en servidores, donde hay alojados mundos permanentes, y compiten unos con otros, más un largo etcétera, que no es cuestión de hacer publicidad del juego ahora. Quizás os suene más Second Life y así sabéis de que hablo. ¿A dónde voy a parar? Este es un juego que para poder disfrutar de él hay que pagar mensualmente (a parte del coste de comprarlo) una tarifa de 13€, unos 130 pesos bolivianos, una auténtica pasta aquí (el sueldo base son 580 pesos, unos 58€). Necesito volver y hablar con el encargado, saber si era un servidor pirata (que no lo parecía), o una cuenta compartida entre muchos o que. Nunca he conocido en este tipo de juegos sudamericanos, lo más brasileños, pero es algo TAN del primer mundo, que encontrármelo aquí ha sido un shock bastante grande. Increíble me parece que puedan supeditar otras necesidades básicas a la tecnología, algo que por lo visto es bastante común. Y otro día os hablare de las cholitas, la mujer tradicional de Bolivia, que aunque va siendo desplazada poco a poco por las nuevas generaciones, aún esta muy presente: estas señoras se dejan auténticas fortunas en sus trajes, llegando algunos a valer 600 pesos.

Finalmente, tras la reunión nos han llevado Charito y Mónica (las dos misioneras más jóvenes) a un mirador cercano. Me he quedado sin habla. Una de las cosas que más me gusta de una ciudad es verla de noche. Lo que he visto de las calles de La Paz no es gran cosa (Santiago, Salamanca, Londres, muchas la ganan), pero según íbamos en el todo terreno hacía el mirador se ha abierto de repente entre dos casas una tremenda imagen, a la que esta foto (algo borrosa) no hace nada de justicia. Me he quedado sin habla, pues La Paz de noche es un mar de luces, un firmamento visto sin tener que levantar la cabeza de brillos azules y dorados que parecen flotar en la nada. Todo ello es debido a la geografía, muy montañosa y con muchos altos y bajos (La Paz es una ciudad que va desde los 3100 metros en su punto más bajo hasta los 4000 en el más alto), lo que provoca lo que aquí se conoce como la hoyada, esa especie de “valle”. Un espectáculo digno de verse.
De nuevo poco para la cena. Hoy la comida a cuenta de Vicente, vallisoletano de nacimiento, pero que ha pasado más años en Italia que en cualquier otro lugar, así que pasta carbonara al dente, y de segundo trucha con queso, orégano y pimiento por encima. Tremendo todo. Vamos a dejar de comer con los misioneros en poco, pues lo haremos en el comedor de los chicos. Tengo ganas de esto último, pero la comida que cocinan estos señores es tan tremenda, que no se yo :P.
¡La campana! Un fuerte abrazo a todos.
PD: Hoy es el día de Santiago, que además es el patrón del barrio donde estamos. Me acuerdo mucho de los que estáis haciendo el Camino, ojala pudiera estar allí con vosotros.

PDD: De noche, a punto de dormir, pero vengo a hablaros un poco de estos misioneros. La sobremesa suele ser larga, charlando de cualquier (fútbol, anécdotas pasadas y presentes, etc…), y esta noche se ha alargado, pues después de cenar hemos empezado a hablar de la “entrada universitaria”, una celebración donde 71 comparsas universitarias recorren las calles de La Paz, vistiendo trajes típicos de las distintas zonas de Bolivia y bailando sus bailes, valga la etc. Folklore vaya. De ello han pasado a empezar a explicarnos algunos de esos bailes, y al final tuvimos el espectáculo en casa. Increíble la energía y buen humor que destila esta gente.