Yo al rato me he escaqueado y me he ido a jugar uno de los partidos de fútbol organizados, siendo los chavales principalmente del alemán (no os he hablado de los pabellones, ¿verdad? Abajo en un PD lo explico), algunos del japonés, y uno del italiano. Ha estado muy bien, y sin pretenderlo ha sido enormemente educativo. Me explico. En la Ciudad del Niño los chavales a la hora del fútbol se dividen en capos y en chacras (buenos y malos jugando respectivamente), y había un equipo que podríamos decir entero de estos últimos. Israel (uno de los educadores del centro, no misionero) y yo estábamos en este equipo, que no tenía ganas de jugar por como era. La verdad es que los capos son los que mejor manejan el balón, pero son unos chupones brutales. Israel y yo hemos potenciado el pase al toque en nuestro equipo, animándoles mucho, y han acabado machacando a los demás equipos (rey de la pista), ganando seis partidos seguidos.
¡Impresionante el mal de altura hoygan!. Básicamente mi dinámica era un minuto de atacar, y tres de defender para poder recuperarme. Y el atacar no era gran cosa: coger el balón en el centro del campo, regate, pared a la banda, y otro pase. Pero la respiración lo pagaba mucho. Y en una ocasión, me lance desde la portería hasta abajo (lanzando gritos guerreros a mi estilo), recupere el balón, y me subí toda la banda de nuevo. Que destrozo, tuve que parar del todo durante cinco largos minutos.
Volviendo de nuevo a la Ciudad del Niño, los chavales ya tenían más confianza con nosotros y se lanzaron a hablar. Lo primero que hicieron fue exigirnos que les devolviéramos el oro que los españoles robaron de Bolivia. Esto lo beben muchísimo en las clases de historia, y los profesores de aquí lo inculcan. Ellos ya tienen esa pregunta como standard para los misioneros y voluntarios españoles. Tras decirles que en el reparto no nos toco nada de ese oro, pasamos a otros temas, y se pasaron un buen rato preguntándonos cosas de España, de nuestras costumbres y demás, para pasar al final a hablar entre ellos de sus cosas. Y esa fue casi la mejor parte de la tarde, momento en que pareció que Joaqui, Carmen y yo tomamos un silencioso acuerdo de callarnos y escuchar. Es increíble las inquietudes que tienen, un poco como cualquier chaval, pero desde otra perspectiva.
Como ya os he contado, en el barrio están de fiestas por el patrono, Santiago. Volviendo nos topamos con una feria nocturna recién instalada, y en ella la gente paseaba, bebía, bailaba, lo típico. Y luego estaban los que “tomaban”, que es lo mismo que beber, pero lo diferenciación, porque “tomar” es beber a muerte, con el objetivo final de caer al suelo y no poder moverte. Vimos cholitas tambaleándose y vomitando, y la verdad impresiona ver a tan venerables señoras en ese estado. Y es ahí donde llego el momento más espectacular del día (más que hacer dos viajes con 17 personas en un coche). “¿Saben?”, nos dice uno de los chicos, “la mitad de los niños no vendrán mañana a la Escuela porque sus padres no podrán llevarlos de puro tomados que están”. A lo que otro de los chicos, 10 años, añadió (palabras literales), “este es el cáncer de nuestro país”. Me impresiono sobre manera, y no supe que decir. Es increíble que chicos de esta edad tengan esa conciencia del problema (aunque al final muchos caen en el), y es que a muchos les toca cargar y arrastrar a sus padres desde muy pequeños, tratar con autoridades porque nadie más lo hace, ir por si mismos a la escuela. En fin.
¡Pizza para cenar! Donativo de una familia francés.
PD: Los pabellones tienen cuatro nombres, que os digo de menor a mayor edad de sus ocupantes. Bolivia (5-7 años), Alemán (9-13 años), Japón (12-14 años), Italia (14-17 años). Reciben esos nombres por las embajadas o benefactores que los financiaron.
PDD: Montse, tras contarle la anécdota del robo del oro, nos contó que escucho en una ocasión una respuesta por parte de un español a tal petición muy sorprendente: “Chicos, quien os robo el oro no fueron mis antepasados, sino los vuestros, ya que los míos se quedaron en España, y fueron los vuestros los que emigraron a América”. No acabo de estar del todo de acuerdo, pero vaya, como respuesta permite un largo debate al respecto.
PDDD: No he hablado de la misa, y no lo haré mucho, pues vuelvo a haber escrito demasiado. Tan solo decir que sorprendente, pues quitando los más pequeños que se aburren, el resto presta una atención a la homilía y lo vive todo de una manera que da que pensar.
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