Hoy será cortito, por lo menos comparado con la anterior entrada. Este fin de semana ha sido muy relajado en comparación con los anteriores, sin ese estrés de una apretada agenda campamental con la que cumplir.
Básicamente ha sido un poco mezcla de trabajo con tiempo libre, junto a una marcha que hemos hecho hoy domingo. Viernes y sábado estuvimos acabando de concretar el seminario de sexualidad que daremos lunes y martes a los chicos de secundaria. Este nos costo un poco más de preparar, por el hecho de aunar posturas diferentes respecto a distintos puntos del tema, pero estoy muy contento por como hemos llevado a cabo estos debates, que han sido muy fructíferos.
También estuvimos el viernes trabajando con un grupo de chicos jóvenes del colegio que se están formando como monitores, dándoles una especie de “testimonio” de lo que hacíamos nosotros en España, en que grupos estábamos, que preparábamos. Algunos de ellos vinieron con nosotros a la marcha del domingo, y se descubren como chicos muy ilusionados por las cosas y de gran espíritu generoso.
Y este sábado hubo una pequeña mancha en todo esto, de la que no hablare mucho por que es agua pasada, pero que fue bastante triste para mí. Como ya he dicho tuvimos bastante tiempo libre, y dedique la tarde a jugar al fútbol con los chicos del alemán. Ese día estaban conmigo especialmente poco receptivos, y me sentí durante las dos horas que estuve con ellos tratando de romper un muro de indiferencia. Incluso sentía que no me querían allí con ellos, me echaban en cara de todo... Finalmente acabe perdiendo la paciencia con ellos, bastante enfadado. Gracias a Dios, entre disculpas varias y recíprocas y el día de hoy, todo ha ido de perlas.
¡El día de hoy! Habíamos previsto una marcha, que a los chicos les apetecía, y la hemos llevado a cabo. La distancia era poca, una hora de ida y hora y media de vuelta, siendo distintos tiempos por el tema de bajadas subidas. El objetivo, un pueblo cercano llamado Chicani donde pasamos la mañana y un rato de la tarde entre partidos de fútbol y juegos.
Lo más espectacular de todo, la marcha en sí, tanto la ida como la vuelta. La ida fue a base de “atajos”. Aquí los atajos no son tonterías, son atajos de verdad, de los buenos. Es decir, si no quieres dar una vuelta del copón a la montaña para bajarla, lo mejor que puedes hacer es tirarte por el barranco. Y así hicimos, bajando y subiendo por caminos que no pueden llamarse como tal, ni siquiera sendas podría decirse. Quizás vericuetos, pero estoy convencido que algunas cabras se negarían a ir por ahí. En general todo iba bien, pero algunos tramos yo los calificaría de peligrosos, donde apenas te cabía el pie y un tropezón podía suponer una muy buena leche. Y para las subidas por los atajos, el aire a los que venimos de fuera nos faltaba mucho.
Pero lo mejor de lo mejor fue la vuelta. Decidimos que no volveríamos por donde vinimos, pues a ver quien era el guapo que subía lo que habíamos bajado. Tomaríamos un camino un poco más largo, y aunque sería todo el rato cuesta arriba, sería en llano. Hasta que llegamos al Atajo Definitivo, el cual fue imposible evitar que los chicos tomaran. Al Atajo Definitivo se le conoce como la Escalera de los Mil Grados, lo cual es un buen juego de palabras. Por un lado “grada” significa escalera, y efectivamente casi hay mil escaleras, pues yo conté 949 (algunos me decían que 995, pero no creo haberme equivocado tanto en la cuenta). Por otro lado, no llegas a ascender mil metros sobre el nivel del mar, pero si una cifra importante. Y finalmente, en algunos puntos el grado de inclinación de las escaleras es increíble, casi vertical, “casi” de 1000 grados.
Yo la rebautice como la Escalera del Diablo, y me tire gran parte de la subida gritando que los bolivianos están locos, y recordando la Escalera Interminable del Señor de los Anillos (friki nivel 6). Lo más impactante, y que queda como anécdota del día, es que desde abajo la perspectiva hace que SOLO veas un tercio de toda la subida. Desde abajo no parece para tanto, en definitiva. Empecé a subir mirando al suelo, y contando escalones, y cuando llegue arriba pensé, “bueno, algo más de 300 escalones, tampoco es para tanto”. Justo después levante la vista y vi lo que se ve en la foto, que era lo que quedaba todavía. Horror.
En fin, me despido por hoy, y quizás sea este el ultimo diario (mañana creo que poder colgar todo lo que me queda) antes de volver a España, donde si tengo ánimos quizás escriba unas conclusiones y pensamientos finales.
Hasta entonces, un fuerte abrazo a todos.

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